Familias ensambladas. Premisas para un desarrolllo saludable

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Curso: Familias Ensambladas
Autora: Alicia Zembo
Counselor. Psicóloga Social
Inst. Sup. de Ens. Terciaria Intercambio
País: Argentina
Loc. Buenos Aires
 

 

Es imposible abarcar en un solo concepto la idea de “familia”, ya que en cada disciplina encontramos una definición particular y acotada. La familia es una construcción social en constante transformación. Cambia en forma paralela a la sociedad que la contiene para adaptarse al medio, y a la vez, que adopta nuevas formas continúa con su misión. Es claro entonces, que lejos de desaparecer, la familia sigue sobreviviendo a los más profundos cambios sociales a través de siglos de historia, modificando su estructura y funciones, respondiendo así a los cambios de su entorno. 

Cuando se dice que la familia está en crisis, estamos remitiéndonos a familia tradicional, más precisamente a la pérdida de su hegemonía. La diversidad familiar actual no puede entenderse a partir del concepto familia nuclear, si bien todas continúan buscando ofrecer a sus miembros seguridad, amor y relaciones gratificantes. 

Entre los nuevos modelos familiares, la familia ensamblada es una de las configuraciones que componen esta nueva realidad social, y que en las últimas décadas su número se ha multiplicado hasta constituir un gran porcentaje de las mismas. 

Es llamativo, que a pesar de lo expuesto, el modelo de familia nuclear tradicional siga vigente como “modelo ideal”, produciendo gran frustración y culpa cuando no se puede sostener. Esto nos enfrenta a los trabajadores de la salud a la necesidad de revisar nuestra propia ideología, a fin de acompañar a nuestros consultantes a resolver sus dificultades y a no quedar atrapados también nosotros por los mitos, tanto obturando nuestra mirada, como erigiéndonos en jueces morales. 

Por esto es indispensable, conocer las características y pautas de funcionamiento de las familias ensambladas,  ya que requieren también, un nuevo modelo de abordaje. 

La familia ensamblada se diferencia en su dinámica y estructura de la familia tradicional nuclear, por lo cual, la estabilidad e integración de sus miembros dependerá del aprendizaje de las nuevas pautas de convivencia. La mayoría de las veces, en sus intentos de alcanzar la estabilidad, buscarán  repetir reglas que sirven a las familias nucleares, logrando solo frustración y la posibilidad de un nuevo fracaso. La información se convierte entonces, en un importante recurso del que los terapeutas debemos disponer y facilitar a los efectos de propiciar el funcionamiento saludable de esta familia.

Como definición  podemos decir: Familia ensamblada es la que conforma una pareja adulta en la que al menos uno de los cónyuges tiene un hijo de la relación anterior (Visher y Visher).

A partir de esta definición, podemos encontrar múltiples variantes, si bien hay características que todas comparten, a saber: 

- Todas provienen de una  pérdida, ya sea una muerte o un divorcio, ambas situaciones implican atravesar un duelo. 

- Los hijos preceden a la pareja. 

- Hay diferentes constelaciones dentro de las familias ensambladas: Uno de los dos puede no tener hijos, ambos pueden tenerlos, pueden convivir con los hijos de ambos o solo con los de uno de los cónyuges, la pareja puede también tener hijos propios. 

Estas son algunas de las variantes posibles y eso hace que cada situación y cada integrante, deba ser comprendido en su contexto en términos de relación. Es habitual que ante sentimientos que no coinciden  con expectativas previas, aparezca la  culpa y la sensación de que algo “está fallando en mí”, que en verdad, son sentimientos normales en esta nueva estructura. Es por esto que resulta fundamental tener presente en nuestras intervenciones la “normalización” y la “validación” como herramientas indispensables, así como focalizar en las fortalezas tanto individuales como familiares.
Tampoco olvidemos que son familias que fueron atravesadas por una pérdida, por lo cual  apuntaremos a que puedan reconocer la capacidad de reafirmar sus posibilidades de reparación, mediante el mutuo apoyo, la flexibilidad y la creatividad, así como, la posibilidad de ir generando espacios de comunicación más eficaz, en donde todos y cada uno sienta que es escuchado y valorado.Muchas veces, el proveerlos de estos conocimientos, alcanzan para solucionar conflictos que pueden parecer insalvables.

La familia ensamblada, es una organización de gran complejidad, hay una gran cantidad de vínculos y personas involucradas. Por lo general a esto se suman mitos que interfieren en su proceso de integración, por ejemplo: 

- Creer que inmediatamente se logrará el ensamble, siendo la realidad que este es un proceso que llevará de 4 a 7 años. 

- El amor hacia los hijos del cónyuge será instantáneo, por el solo hecho de amarlo a él/ella. Pero esto no es algo mágico, los vínculos deben construirse. 

- Creer que la familia funcionará mejor si los hijos no visitan al progenitor con quien no viven, o si éste está muerto. En ambos casos el fantasma ocupará el espacio vacío y sobrevendrá la idealización. 

- Las madrastras y padrastros no son confiables. Pueden ser tan buenos o malos como pueden serlo los padres. 

De ahí, que sea importante trabajar sobre las expectativas y los roles, ya que los miembros vienen con formas de vida diferentes, reglas de convivencia, hábitos y costumbres propias que indican “como deben  hacerse las cosas”. Lo que resulta obvio para unos, puede no serlo para los otros, tornándose indispensable conversar sobre el significado que adjudica cada uno a las cosas, para que sea posible, a partir de allí, empezar a buscar un significado compartido. Cada miembro debe encontrar la manera de relacionarse con los demás, desde expectativas reales para evitar decepciones.

En las familias ensambladas, la pareja es el subsistema más vulnerable, es el más nuevo, no se dispone del tiempo necesario para hacer los ajustes que necesita la convivencia, debido a que hay hijos, hijastros y ex cónyuges. También suelen quedar postergadas las necesidades de descanso y esparcimiento,  y es frecuente que el nuevo miembro se sienta excluido, o hasta un intruso. 

Por todo esto, la primera tarea del terapeuta es trabajar en el afianzamiento del vínculo de la pareja, ya que de su solidez depende la integración del resto de los integrantes. Es indispensable que tengan claro cuál es el proyecto de vida en común, sus expectativas con respecto a la relación, los criterios de crianza de cada uno y de que manera manejarán el tema económico. Para todo esto, es necesario que aprendan a negociar para poder así conciliar diferencias. Cabe aclarar, que aprender habilidades para resolver problemas, comunicarse con claridad, y estar comprometidos con un objetivo común, harán que disminuya el stress al que se encuentran expuestos. 

De acuerdo a investigaciones realizadas, se llegó a la conclusión que si bien los puntos señalados anteriormente son de suma  importancia en la pareja,  éstos no garantizan la estabilidad ni de la pareja ensamblada, ni de ninguna pareja. Hay un factor que parecería indispensable y que tiene que se relaciona con la satisfacción de las necesidades emocionales básicas (reconocimiento, pertenencia y control). Para su logro, debería tener muchas más interacciones positivas que negativas (5 a 1) (Gottman).

Otro punto importante a destacar, es que puedan resolver sus diferencias de manera que -  aunque pelea mediante - no confronten de manera destructiva: con ofensas, sarcasmo o desprecio, tampoco traer a la discusión cuestiones del pasado ni involucrar a terceros, menos aún la violencia física. Estos patrones negativos de conducta se convierten en un círculo vicioso en el cual gira la pareja y para ello es necesario generar estrategias tendientes a romperlos o mejor aún prevenirlos.Estas estrategias se aprenden. 

Con respecto a los hijos, debemos tener en cuenta que el recasamiento es vivido generalmente por ellos con incertidumbre y con muchos temores, en ocasiones también con enojo. No debemos olvidar que vienen de una pérdida y que de alguna manera, esta nueva unión es una nueva pérdida a la que se deben enfrentar. Los chicos se encuentran, otra vez, en una situación que no eligieron, ya que pierden la exclusividad que tenían en el hogar uniparental al que pertenecían o pierden su status, más allá de otras pérdidas que también pueden ocurrir, como son la posibilidad de compartir el cuarto, cambiar de casa y/o de escuela, etc. Esta nueva situación, también pone fin a la ilusión de que sus padres vuelvan a estar juntos, a la vez que genera muchas incertidumbres sobre como se desarrollará su vida de aquí en adelante. 

Es muy importante, que los adultos, puedan tener en claro que la integración y pertenencia no ocurren de manera inmediata, que los vínculos se irán construyendo y que es necesario ir creando una historia compartida.
Generar espacios para que los niños tengan la posibilidad de expresar sus sentimientos,  escuchar sus opiniones, sus sugerencias, integrarlos a las actividades de la casa, brindarles confianza, reconocimiento y aprobación ante su colaboración, reservar un tiempo o bien realizar alguna actividad exclusiva a solas con cada uno.
Asegurarles que el amor hacia ellos no varía y que el amor por el cónyuge es diferente, hablar del divorcio anterior tantas a veces como los niños lo soliciten, cosa que seguramente se repetirá a medida que van creciendo y modifiquen su comprensión. En este punto es muy importante que quede claro que no han sido causantes de la separación.
“Habilitarlos” a mantener sentimientos positivos hacia ambos progenitores, así como permanecer ambos padres involucrados en la crianza, sostener una relación frecuente y consistente y permitirles disfrutar en ambos hogares, redundará en una mejora en su  autoestima y a mantener su confianza en las personas. 

La llegada de un hijo a la familia ensamblada, provoca en los chicos los mismos sentimientos que en las otras familias aunque con mayor intensidad, y a la vez la oportunidad de fortalecer la familia  ya que es parte de todos. Para  que esto ocurra, los adultos deben brindarles a cada uno cariño, atención y recordarles que cada uno es especial.  

Respecto a la disciplina, lo ideal a alcanzar, sería que todos los adultos a cargo, formen una “coalición parental”, o sea que los niños puedan percibir que hay acuerdos en las cuestiones de fondo, conformar una sociedad para la crianza sin contradicciones ni descalificaciones, a fin de mantener la autoridad, enseñando a los niños a responsabilizarse por sus conductas, y a comprender la diferencia entre ésta (que puede ser constructiva o destructiva) y los sentimientos (que no son ni buenos ni malos). Y si bien puede necesitarse poner limites a los primeros, la comprensión es el mejor camino en cuanto a los segundos.
Por último, establecer reglas claras y que puedan cumplirse, buscando más que el control, el aprendizaje. Ser con los hijos tanto de uno como del otro cónyuge, respetuosos y justos. 

Los que trabajamos con las familias ensambladas, no debemos olvidar que contamos con una herramienta insustituible que es la información, a esto se suman recursos de diferentes campos que podemos brindar.
Herramientas para lograr una comunicación eficaz, a fin de conciliar diferencias, ser comprendidos y poder comprender.
Ser flexible a los cambios, hacer cosas nuevas, modificar actitudes y aprender a escuchar sin descalificar, aunque no se concuerde con su punto de vista, sin interrumpir y sin prejuzgar. Negociar para lograr acuerdos, y para que esto sea exitoso y sea posible, es necesario resolver los conflictos a partir de conseguir que ambas partes satisfagan sus intereses (ganan todos). Para poder ganar hay que estar dispuesto a ceder algo, aceptar que no hay una realidad, hay realidades que vamos construyendo de acuerdo a nuestra historia, nuestros valores y creencias, por lo tanto, cada cual tendrá su punto de vista, que podrá ser compartido o no pero debe ser tenido en cuenta como otra posibilidad, solo así se podrán lograr significados compartidos. 

Surge de lo expuesto, la importancia y la necesidad de conocer las diferencias y características particulares de las familias ensambladas, no solo desde lo estructural, sino  también desde el marco legal, adentrarnos en la “cultura” de estas familias posibilitará que, como profesionales de la salud, no operemos iatrogénicamente. 

Brindar información, validar y normalizar sentimientos y reacciones propios dentro de la estructura y ofrecer herramientas para llevar adelante el proceso de integración y pertenencia, son las premisas básicas que garanticen su saludable desarrollo.

 

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